miércoles, 7 de octubre de 2009

Parque Nacional El Rey

Mi siguiente destino es el Parque Nacional El Rey, para ello tengo que pasar por la ciudad de Salta, donde organizo todo lo necesario para la expedición.
Allí no llega ningún transporte público, tampoco hay instalaciones donde alojarse, ni donde comprar comida, el agua es la del río. Allí solo hay una ducha de agua fría y en el puesto de los guardaparques, se puede usar la electricidad unas horas al día.
Mi intención es estar en el parque varios días, para ello voy al centro de parques nacionales que hay en Salta, donde me asesoran de las posibilidades. Resumiendo, después de recorrer toda la ciudad, logro dar con una persona que me presta una tienda para acampar y me lleva es su 4x4, ya que no hay carretera asfaltada para llegar. Luego tengo que comprar las provisiones y algún útil para cocinar y finalmente lo consigo.
En el parque además de haber millones de moscas y garrapatas (de las que me he tenido que desparasitar) hay una increíble cantidad de flora y fauna, ya que es el parque nacional con mayor biodiversidad de Argentina, además de ser problablemente de los menos visitados, ya que en todos los días que allí estuve, no me crucé con nadie más que los guardaparques.
Despertarme a las 5:30 y caminar durante unas 12h cada día ha dado muy buenos resultados, como podréis comprobar.










martes, 6 de octubre de 2009

Un día en Mercedes

Mi siguiente destino es en Noroeste de Argentina. Por el camino, paro en Mercedes, es una pequeña ciudad a 130km de Colonia Pelegrini, lo más remarcable, cerca de la estación de autobuses, hay un pequeño local donde comer buenas empanadas y sobretodo, la especialidad, Flan de huevo de Ñandú. (Para los que no lo sepáis, el Ñandú es un ave similar al avestruz).
Además allí disfrute de muy buena compañía y buena conversión.

Esteros del Iberá

Del 25 al 29 de Septiembre
Después de visitar Iguazú, mi siguiente destino son los esteros del Iberá. El trayecto es de unas 24h, aunque no es tanta distancia como de Buenos Aires a Iguazú, los transportes son mas precarios, ya que los Esteros están situados en un área de Argentina muy poco visitada y la carretera para llegar allá, no lleva a ningún otro lugar. De los varios transportes que hacen falta para llegar allá, uno es una pingüinera, ya que ponen el aire acondicionado al máximo, teniendo que ponerme el forro polar para resistir las bajas temperaturas (mientras en el exterior cuentan con unos agradables 20 grados). Pero el transporte más interesante es el último, el cual, hace 15 años ya era una pieza clásica, pero es la única forma de recorrer los 130km que faltan para llegar a Colonia Pelegrini, una agrupación de casas situada en mitad del parque, la única opción en un lugar tan alejado.


Este es el "último " autobús

En Colonia Pelegriniel tiempo se detiene. Un gaucho cruza la calle, en sí no tendría nada de especial, si no fuese porque viene cubierto de polvo, porque ha estado todo el día trabajando en el campo con el ganado y no sale de un espectáculo para turistas.
Allá me alojo en el Hostal San Cayetano, un lugar recomendable, las habitaciones sencillas pero limpias y sobre todo la atención de Roque y su mujer, que me asesoran muy bien sobre la zona y tienen un gran conocimiento sobre la fauna (ornitología incluido) y el territorio, ya que han vivido aquí toda la vida.

Durante mi estancia allí, voy en barca, en 4x4 y a pié, siempre solo o acompañado de mi guía, en la barca es Alberto y en el 4x4 Roque. ¡Muchas gracias por todo!!!


Roque y su mujer

Seguidamente, un pequeño resumen de lo que allí he visto, aunque me dejo muchisimas fotos de aves para el que quiera verlas en Barcelona.



Ultimo día en Iguazú

Al final estuve un último día en Iguazú, ya que el buen tiempo me hizo quedar un día más para sacar mejores fotografías. En las fotos no vereis el radiante sol, pero aquí el principal espectáculo son las cataratas.






miércoles, 23 de septiembre de 2009

Argentina 2009

Miercoles 23 de septiembre, Argentina y Brasil, ya estoy al otro lado del charco y todo va perfecto. Tras un par de días en Buenos Aires, ahora estoy recorriendo el país.

Empezando por Iguazú, lo que tenía que ser un viaje de 17h en autobús, se ha convertido en un viaje de 28h ya que nos quedamos parados en una carretera unas 5h por culpa de unas manifestaciones, para finalmente dar media vuelta y buscar una ruta alternativa. Finalmente ha merecido la pena. Contemplando las fotos uno solo se puede hacer una pequeña idea de como es esto.

Por cierto, las fotos están tomadas desde Brasil, el tiempo no era muy bueno, pero por lo menos no ha llovido como ayer. Además he podido gozar de la compañía de Mervyn (Británico), Maria Paula(Colombiana) y Tax (de Dinamarca). El viaje empieza con buen pie y buena compañía.
Jueves 24 de septiembre Cataratas Iguazu (lado Argentino)
No tengo palabras.

miércoles, 8 de julio de 2009

Las cronicas de la Taixonera. 5a Sesión

“El mundo es un lugar bueno y sencillo, siempre que lo observemos desde nuestra atalaya de seguridad. Descendamos alguna vez, para ensuciarnos las manos con la tierra.”

Espagueti

Hace mucho calor, se me pegan las sábanas, no se cuanto habré dormido. La pared blanca me quema la vista, me está diciendo que es el momento de empezar el día. Hace horas que el sol se cuela por mi ventana. Intento saltar de la cama, pero la cabeza me estalla, pierdo el equilibrio y empiezo a recordar las botellas de vino que bebí ayer noche, hasta que pierdo la cuenta. No soy bebedor habitual, por lo menos, no como anoche, pero a veces es el único lugar al que uno puede ir para dejar de pensar.
Me quedo un buen rato sentado el la cama, gradualmente voy recuperando el equilibrio y mi cerebro se estabiliza, con calma me levanto y voy al baño, es mejor moverse a cámara lenta, de esta manera uno evita caerse o chocar con los muebles.
Mientras meo, me tiro un sonoro pedo, aunque no tan largo como la meada. En la cocina solo hay botellas de vino vacías y alguna medio llena y caliente, pero nada decente que comer. Bajo a la tienda a comprar algo que comer, no me apetece cocinar. Compro para hacer pasta, es fácil y me ayudará con la resaca.
Pongo agua en un cazo y al fuego. Lentamente empieza a salir humo, luego pequeñas burbujas que ceden a otras más grandes. Empiezo a recordar como se torcieron las cosas la noche anterior. Carol había venido a mi casa después de comer. Esa noche había una sesión de cine en casa. Yo le había dicho que viniese a las ocho, como todo el mundo, pero ella quería venir antes para estar conmigo. Así empezó la discusión. Al empezar lo nuestro le dije que no sería una relación seria, solo amigos y sexo, ella estaba conforme. Yo quería creérmelo, pero sabía que no era así. Lo hablamos otras veces, ella decía que así le parecía bien, sin embargo a medida que pasaba el tiempo, notaba como ella se enamoraba y ninguno de los dos lo quería ver. Ella no lo reconocía y yo me lavaba las manos pensando que todo estaba claro desde el principio.
Al final tuve que suspender la sesión de cine, disculpándome con mis amigos, estaba en mitad de la discusión, si es que se puede decir así, porque ella “no podía reprocharme nada”. Uno nunca sabe lo que pueden durar estas charlas, yo quería que acabase pronto, quería quitármela de encima, se estaba volviendo insoportable.
Finalmente se marchó a eso de las dos de la madrugada. Fue cuando empecé a sentirme culpable, porque poco después de empezar lo nuestro yo ya sabía que esto podía ocurrir y el escudo que era saber que todo está claro y hablado de antemano, se esfumaba rápidamente. Fui culpable desde el principio, aunque ella no pueda reprocharme nada, yo si puedo hacerlo.

Recupero la consciencia cuando me doy cuenta que el agua de la olla se ha evaporado igual que mis pretextos de inocencia.
Repito el proceso del agua y me como mis espagueti con un último pensamiento. Tengo que volver a organizar la sesión de cine para mis amigos.

jueves, 11 de junio de 2009

Las cronicas de la Taixonera. 4a Sesión

DIEZ MINUTOS
Había acabado la película, Cashback. Durante los créditos el salón se quedó a oscuras, apenas iluminado por la tipografía blanca. En ese momento el tiempo se detuvo. ¿Que como lo se? No podría explicar como, sin embargo no cabía duda. Nunca el aire a mi alrededor había sido tan denso. Silencio total. La pantalla parecía apagada, no había imagen, sin embargo, al acercarme, daba la sensación de estar encendida, imagino que al detener el tiempo, también se detiene la luz y por lo tanto, aunque mis movimientos a pesar se ser lentos a causa de la densidad del aire, eran infinitamente más veloces que la luz.
Suena el teléfono. Dada la situación en la que me encuentro, contesto. Me apetece compartir la experiencia. El remitente es desconocido.
-¿Hola?
-Hola jorge.
-¿Quien es?
-Eso ahora no importa. Tienes que saber que tienes diez minutos hasta que el tiempo siga su curso. Aprovechaos bien.
-¿Pero quien eres?
No hay respuesta. Ya han colgado y en la pantalla solo se ve 09:35 Es una cuenta atrás y está en marcha. Además de mi, es lo único que se mueve.
Empiezo a pensar rápido. Al principio descarto la idea de correr, en diez minutos no puedo llegar a ningún lugar interesante. Entonces pienso en la idea de antes, lo de moverme mas veloz que la luz. Si es así, entonces ¿puedo estar en cualquier lugar al instante? ¿Pero cómo? Pienso en bajar a la calle corriendo, no se me ocurre otra forma. Antes de iniciar cualquier movimiento, ya estoy en la calle. Llego a la conclusión que con el tiempo parado, desaparece el espacio como lo conocemos. Sigue estando ahí, pero te puedes mover por el, sin necesidad de atravesarlo, simplemente puedes decidir como recorrerlo a tu antojo, desplazandote simplemente desapareciendo y apareciendo en otro lugar. Es una idea un poco confusa lo sé, pero tengo que pensar rápido pero sin precipitarme. Miro el reloj. Me quedan ocho minutos. Pienso, ¿Donde puedo ir? ¿Que hacer y como sacarle partido? ¿Que necesito? No soy rico, pero no necesito más dinero, no me mal interpretéis, con más dinero haría muchas cosas, pero actualmente con el que tengo soy feliz, no es una prioridad. Así que la idea de ir a un banco está descartada por el momento, no me apetece robar.
Sigo pensando en que necesito para mejorar mi vida, ¿algo material? No se me ocurre nada que pueda ayudarme a ser mas feliz, un coche, una casa, todo eso desde mi posición ya no es tan importante, probablemente si hubiese nacido pobre sería diferente. Entonces, si no necesito nada material, tiene que ser algo espiritual.
El tiempo se me escapa, ya solo quedan cinco minutos, evito ponerme nervioso, con ello solo puedo entorpecer el proceso y pensar con menor fluidez. Es difícil, pero poco a poco lo consigo. Mi siguiente planteamiento es, ¿Como puedo cambiar algo espiritual con el poder de parar el tiempo? En el presente no me parece buena idea, ya que todo esta en pausa, así apenas puedo alterar nada significativamente. Del futuro, ¡Que se yo! si el presente ya me da mucho que pensar, el futuro está demasiado lejos. La única manera de cambiar algo es en el pasado.
Cuatro minutos. ¿que puedo cambiar de mi pasado para mejorar mi presente y/o futuro? Probablemente algún error grave. Pienso en mi vida, al cabo de un rato se me ocurren varios errores y sucesos, ¿Pero como cambiarlos? quizá viajando al pasado y escribiendome una nota o modificando algo para que las cosas no sucedan igual. Sin embargo, pienso en el presente, ahora mi vida es tal y como quiero que sea, no soy perfecto, pero estoy contento con mi evolución. Me he equivocado en muchas cosas, he aprendido, por lo tanto si no me hubiere equivocado, mi aprendizaje sería diferente o no lo habría. No paro de darle vueltas. Finalmente no veo otra salida, tengo que olvidarme de mi pasado y del pasado de los demás. El error en si puede dejar de ser un error cuando lo utilizamos a nuestro favor.
Dos minutos. Una oportunidad así no se presenta nunca en la vida, se me ha presentado una ocasión excepcional y no se como la puedo aprovechar. Tras un rato pensando doy con la solución o al menos es mí solución. Me queda un solo minuto y lo voy a usar simplemente para estar, no necesito nada y no quiero cambiar nada, solo quiero seguir siendo yo, estoy contento de como soy y quiero seguir cambiando, pero por un proceso natural.
Un minuto. ¿Que mejor manera de aprovechar el tiempo que vivir en el presente?
Disfruto de un minuto que no es un minuto, no es nada y es una eternidad, es el mejor regalo que me podían hacer. Me siento, y soy el tiempo y no soy nada.
Es una sensación extraña, soy plenamente consciente de todo, aunque parezca todo lo contrario.
Suena el teléfono, todo se pone en marcha.
-¿Jorge?
- Si.
-¿Que tal ha ido?
-Muy bien, muchas gracias por brindarme la mayor oportunidad de mi vida, creo que lo he usado de la mejor manera posible.
-Me alegro. Adiós.
-Adiós.

lunes, 8 de junio de 2009

Las cronicas de la Taixonera. 3a Sesión

UN AGUJERO EN EL TIEMPO

Suena el teléfono. Tardo en contestar, estoy enfrascado en una historia, recopilando datos y ordenando algunas entrevistas. Finalmente contesto.
-¿Julio?.
-Si,¿ quien es?.
-Hola, soy Luis, ¿como va todo?.
-Hola Luis, hace tiempo que no sabía de ti, quiero decir que no hablábamos. Leí tu último articulo, me pareció muy interesante .
-Gracias. Te llamo por el asunto de la sala Taixonera.
-¿Que sucede?
-Creo que he encontrado a alguien que sabe que sucedió el 18 de mayo del 2009. He quedado con el esta misma noche, pero no puedo ir.
Mientras tomo consciencia de lo que me está diciendo, antes que pueda formular una respuesta, me propone que sea yo quien asista a la entrevista.
-¿Pero porque quieres que vaya yo? ¿Quien es esa persona?
-Tengo un asunto que no puedo eludir, por eso tienes que ir tu.
-¿Algo más importante que esto?.
-Es personal.
-Necesito más información acerca de la persona con la que me tengo que reunir.
-He encontrado al único que asistió ese día a la proyección de Camino.
-¿En serio? Eso es fantástico. Así que es verdad que Jesús asistió aquel día. ¿Como lo has encontrado?
-Ya sabes que no te lo puedo explicar, mejor no quieras saberlo.
-Me has dejado sin palabras, no se que decir. Te lo agradezco mucho.
-Bueno, te tengo que dejar. Sé que lo harás bien. Ve esta noche al café Zurich de la plaza catalunya, a las nueve y media. Ten cuidado.
-Lo tendré.
-Adiós.
-Adiós... y Gracias.

Eso fue lo último que supe de Jesús, desde entonces no lo he vuelto a ver y nadie sabe nada de el. Fui al café Zurich y estuve hablando con el sobre todo lo que ocurrió aquella noche. También de todo lo demás. Nunca he explicado lo que sucedió el 18 de mayo, ni de lo que allí se dijo, lo prometí. He vivido toda mi vida queriendo compartir lo que aquella noche sucedió, ahora que estoy cerca de mi fin. Lo voy a contar. Ya no tengo miedo...

jueves, 4 de junio de 2009

Las cronicas de la Taixonera. 2a Sesión

Quiche de curri de piña y plátano

Le conocí en la escuela oficial de idiomas, era el segundo día de clase y ya hicimos buenas migas. Siempre que acababa la clase, nos quedábamos un pequeño grupo charlando, los demás al parecer parecían muy ocupados y regresaban a sus quehaceres a la hora en punto. Era como el pistoletazo de salida en una carrera, sin embargo allí nos quedábamos, Giulietta, Elena, Jorge y yo.
A la semana siguiente tenía pensado invitarles a mi casa, vivo a las afueras de Barcelona, en una casa con un pequeño terreno, mi intención era que viniesen para hacer una parrillada y pasar la tarde, pero Jorge se me adelantó. Aquel día, al acabar la clase nos invitó a todos a asistir a un festival de cine que organizaba en su casa, nos dijo que disponía de un proyector y que su salón se asemejaba a una sala de cine casera, también había comida, supuestamente relacionada con la película, a todos nos pareció buena idea y convinimos que iríamos ese fin de semana.
Creo que la película que se proyectaba era Tropa de élite, una película brasileña sobre las favelas.
No había ascensor, tuve que subir por unas escaleras. Vivía en el ático, durante el corto pero esforzado trayecto, me dio tiempo a recrearme con un ligero aroma que iba en aumento a medida que me acercaba a la última planta. Me costaba identificar que se estaba cocinando, era una mezcla de olores muy extraña, digo extraña porque pude olfatear diferentes hilos de aromas pero eran productos que no suelen casar, sin embargo todos conjugados en la escalera, producían una extraña (como ya he dicho) pero deliciosa e intensa mezcla.
Sentí que las paredes desaparecían, los escalones también, aunque sin sensación de vértigo continué siguiendo un marcado camino, invisible a la vista, era como un tranvía que no puede descarrilar o mejor como un pez que muerde el anzuelo y es recogido poco a poco por un sedal de aroma.
Llegué al último rellano. Llamé al timbre. Todo a mi alrededor iba recobrado su forma, aunque el aroma persistía como un yugo, tuve la sensación que alguien me observaba, miré hacia atrás, en ese momento se abrió una puerta delante mío y se cerró otra detrás.
Allí estaba Jorge recibiéndome. –Hola, no te preocupes por mi vecina, le gusta espiar, pero en el fondo es buena persona- Dijo.
Ese extraño recibimiento me hizo regresar a la realidad.
-Pasa, no te quedes ahí, te estábamos esperando eres el último.
-Hola Jorge ¿Cómo estás? No sabía que traer, así que vengo con vino chileno, se produce muy cerca de donde nací, creo que puede acompañar muy bien a eso que estoy oliendo, que por cierto, podrías decirme que es.
-Claro pasa, ven directamente a la cocina.
En ese momento debí sospechar algo, al entrar no se oía anda, era un piso pequeño, pero yo estaba ocupado deshilachando los aromas antes de entrar en la cocina y no tomé consciencia de lo que ocurría o mejor dicho, de lo que no ocurría.
-¡Mira lo que estoy cocinando!
-Huele como nada que haya olfateado nunca. ¿Qué es?
-No sabría decirte, lo he inventado hoy, es una quiche, eso si lo sé, uno de los ingredientes principales es piña y el otro día me trajeron especias de marruecos, son muy frescas y se me ha ocurrido hacer una mezcla al estilo curry, por supuesto hay más ingredientes, pero dejaré que los adivinéis durante la cena.
-Nunca se me habría ocurrido mezclar estos ingredientes.
- También hay mandioca frita y piña flameada con ron, cubierta de chocolate crocante, es una variación de un plato que… bueno ya te explicaré, nos están esperando.
-Cenaremos antes de la película.
-Si.
-Fantástico.
Fue al entrar al salón, cuando me quedé helado. Había una mesa con platos y cubiertos para ocho comensales, pero allí no había nadie más que nosotros dos.
-¿Donde están los demás?
No creo que me oyese y si lo hizo, se hizo el sordo. Ya estaba de regreso a la cocina para traer la comida. A mi todo eso me parecía muy raro, sin embargo no parecía una broma, de eso estaba seguro, aunque no tenía indicios de ello, lo sabía. Jorge regresó con varias fuentes llenas de comida, entre ellas la quiche. Cuando iba a preguntarle qué es lo que sucedía, el se puso a hablarnos a todos, como si allí hubiese más gente, respondiendo a alguna pregunta que no se pronunció.
Esa fue la gota que colmó el vaso. ¡Ese tipo estaba loco de verdad! Me deshice del yugo que me había colocado subiendo las escaleras y salí corriendo.
Nadie me persiguió durante mi huida, baje a la calle y seguí corriendo, perdí la noción del tiempo. Recuerdo parar al cabo de lo que a mí me parecieron varios kilómetros y aun tenía la piel de gallina. Entonces continué mi camino, alejándome de aquella casa.
No me preguntéis que es lo que allí pasó, porque no lo sé. Que cada uno saque sus propias conclusiones o imagine lo que se le antoje. Desconozco cuál era el propósito de aquellas sesiones, pero no era el cine. Solo sé que me tenía que alejar de ese tipo lo más posible.
No he vuelto a verlo nunca más y espero no cruzármelo.
Eso es todo lo que pasó.

viernes, 24 de abril de 2009

Fresas rellenas de dulce de leche y almendra, cubiertas de chocolate.

Llaman a la puerta. Estoy en la cocina, miro el reloj, son las 21:30.
-¿diga?
-¿es aquí donde huele tan bien?

Mientras oigo ruido en la escalera, parece que algo sucede.

-¿quién es usted?
-Disculpe, pero le he preguntado si el olor viene de su casa.
-No sé a qué olor se refiere.
-Da lo mismo, ya me abren.

Vivo en un ático, así que abro la puerta para ver quien sube, mientras me asomo por el ojo de la escalera, la vecina de en frente sale al rellano.

-¿Que sucede?
-Pues que alguien sube pero no sé quién es.
-¿Cómo que no sabes quién es?
-¿No me ha oído? ¿Acaso tengo cara de saber que sucede?

Me vuelvo a asomar por la escalera y veo a una pareja que sube. No los conozco de nada.

-¡Qué quieren! – Les grito desde mi atalaya
-Ah! Es usted.

Es un hombre de mediana edad, le acompaña una mujer sensiblemente más joven, tiene un bonito cuerpo, sin embargo su cara es muy normal. Mientras se dirigen hacia mí, no dejan de subir las escaleras.

-¿Qué es lo que está cocinando?
-¡Y a usted que le importa!

Mientras ya han llegado a mi rellano. Miro de ocupar todo el umbral de la entrada de mi piso. Mi vecina se da la vuelta y entra en su apartamento, antes de cerrar la puesta dice.

-Te lo he dicho esta mañana. No quiero saber nada.
El hombre que está delante de mi alarga el cuello intentando con ello atravesar mis dominios.
-¿Pero que hace?
-Disculpe, pero es aquí, no puede negarlo.
-¿El qué?
-¡Está usted cocinando!
-Bienvenido al mundo, ¿qué tiene eso de extraño?
-Eso es lo que me pregunto, no reconozco el olor, pero no he podido resistirme a subir.
-Hoy tengo invitados, le tengo que pedir a usted y su mujer que se marchen.
-Ella no es mi mujer.
-¿Y tu quien eres? –Dirigiéndome a la mujer.
-Yo vengo por lo mismo que este señor.
-No me diga.

De repente la mujer me parece más atractiva.

-¿Quieren pasar y tomar algo? Aun queda media hora para que lleguen mis invitados.
En ese momento los tres oímos varias voces que suben por las escaleras, la intensidad de las voces va subiendo. También la cantidad.

-¿Esos son sus invitados?
-No los había visto en mi vida.
-¡¿Qué está usted cocinando?!
-¿Pero qué pasa aquí? ¿de dónde salen todos ustedes?

En la escalera ya no cabe más gente, la cosa se pone mal. Intento ser diplomático.

-Estoy preparando toda una cena, así que tendrá que ser usted un poco más específico.

Sigue subiendo gente. Es un barrio poco transitado, no sé de dónde salen tantos. Hay demasiados y la presión hacia el interior de mi piso cada vez es mayor.
Alto, deténganse, dejen de empujar!
Pero finalmente mis brazos ceden al la presión y la gente empieza a colarse dentro de mi apartamento.
No sé qué hacer, son demasiados así que me resigno.

-Pasen, pasen, están en su casa!

Me escurro por el pasillo, al pasar por la cocina, veo que la pareja del principio está comiéndose mi plato principal, Berenjenas bañadas en salsa de sésamo.
Por la puerta sigue entrando gente. Ya casi no cabemos. Mi apartamento no es grande. Hasta que empiezan a caerse por la terraza.
En ese momento pienso en los lemmings y se me ocurre una idea. Cojo un colchón enrollado que tengo en el otro extremo de la casa, es lo suficientemente pequeño y ligero como para usarlo de escudo. Me coloco detrás de el y empiezo a empujar. Con mucho esfuerzo voy ganando terreno, mientras los cuerpos se espachurran en la calle. Son cuatro pisos de altura. Al llegar a la cocina, las fuerzas empiezan a fallarme, y pierdo la estabilidad, doy un paso atrás, me asiento, pero no puedo seguir avanzando. Miro en el interior, ya no queda nadie, pero tampoco está mi cena. Asomo la cabeza por encima del colchón y veo a una mujer que se está comiendo las últimas fresas. Eran fresas rellenas de dulce de leche y almendra, cubiertas de chocolate crujiente. Era un plato muy especial, lo había soñado esa noche y era para mis amigos invitados.

-¡Hijosdeputaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!

Perece que ese último bocado que mis labios no han probado, me da la fuerza suficiente para dar un último gran empujón.

Soy el último lemming, el que ve como todos sus compañeros desaparecen por el precipicio. Los cuerpos llegan casi a la tercera planta.
En ese momento llaman al timbre.

-¡Que!
-¿Jorge?
-¿Si?
-Somos nosotros.

Mis amigos han llegado.
Una vez en dentro del apartamento, me disculpo ante ellos, agitando un folleto del Telepizza.

-Lo siento pero hoy no he podido cocinar nada, habrá que encargar una pizza. Pero esto es un festival de cine, así que la comida es secundaria.

Mis amigos no acaban de creerme, se les nota en la cara, pero no les queda más remedio. Armand se me queda mirando largo rato, y dice.
- La gente cada vez está más loca. ¿A que no sabes que es lo que hemos visto antes de subir?
-No lo sé, pero seguro que me sorprendes.