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miércoles, 8 de julio de 2009

Las cronicas de la Taixonera. 5a Sesión

“El mundo es un lugar bueno y sencillo, siempre que lo observemos desde nuestra atalaya de seguridad. Descendamos alguna vez, para ensuciarnos las manos con la tierra.”

Espagueti

Hace mucho calor, se me pegan las sábanas, no se cuanto habré dormido. La pared blanca me quema la vista, me está diciendo que es el momento de empezar el día. Hace horas que el sol se cuela por mi ventana. Intento saltar de la cama, pero la cabeza me estalla, pierdo el equilibrio y empiezo a recordar las botellas de vino que bebí ayer noche, hasta que pierdo la cuenta. No soy bebedor habitual, por lo menos, no como anoche, pero a veces es el único lugar al que uno puede ir para dejar de pensar.
Me quedo un buen rato sentado el la cama, gradualmente voy recuperando el equilibrio y mi cerebro se estabiliza, con calma me levanto y voy al baño, es mejor moverse a cámara lenta, de esta manera uno evita caerse o chocar con los muebles.
Mientras meo, me tiro un sonoro pedo, aunque no tan largo como la meada. En la cocina solo hay botellas de vino vacías y alguna medio llena y caliente, pero nada decente que comer. Bajo a la tienda a comprar algo que comer, no me apetece cocinar. Compro para hacer pasta, es fácil y me ayudará con la resaca.
Pongo agua en un cazo y al fuego. Lentamente empieza a salir humo, luego pequeñas burbujas que ceden a otras más grandes. Empiezo a recordar como se torcieron las cosas la noche anterior. Carol había venido a mi casa después de comer. Esa noche había una sesión de cine en casa. Yo le había dicho que viniese a las ocho, como todo el mundo, pero ella quería venir antes para estar conmigo. Así empezó la discusión. Al empezar lo nuestro le dije que no sería una relación seria, solo amigos y sexo, ella estaba conforme. Yo quería creérmelo, pero sabía que no era así. Lo hablamos otras veces, ella decía que así le parecía bien, sin embargo a medida que pasaba el tiempo, notaba como ella se enamoraba y ninguno de los dos lo quería ver. Ella no lo reconocía y yo me lavaba las manos pensando que todo estaba claro desde el principio.
Al final tuve que suspender la sesión de cine, disculpándome con mis amigos, estaba en mitad de la discusión, si es que se puede decir así, porque ella “no podía reprocharme nada”. Uno nunca sabe lo que pueden durar estas charlas, yo quería que acabase pronto, quería quitármela de encima, se estaba volviendo insoportable.
Finalmente se marchó a eso de las dos de la madrugada. Fue cuando empecé a sentirme culpable, porque poco después de empezar lo nuestro yo ya sabía que esto podía ocurrir y el escudo que era saber que todo está claro y hablado de antemano, se esfumaba rápidamente. Fui culpable desde el principio, aunque ella no pueda reprocharme nada, yo si puedo hacerlo.

Recupero la consciencia cuando me doy cuenta que el agua de la olla se ha evaporado igual que mis pretextos de inocencia.
Repito el proceso del agua y me como mis espagueti con un último pensamiento. Tengo que volver a organizar la sesión de cine para mis amigos.

jueves, 11 de junio de 2009

Las cronicas de la Taixonera. 4a Sesión

DIEZ MINUTOS
Había acabado la película, Cashback. Durante los créditos el salón se quedó a oscuras, apenas iluminado por la tipografía blanca. En ese momento el tiempo se detuvo. ¿Que como lo se? No podría explicar como, sin embargo no cabía duda. Nunca el aire a mi alrededor había sido tan denso. Silencio total. La pantalla parecía apagada, no había imagen, sin embargo, al acercarme, daba la sensación de estar encendida, imagino que al detener el tiempo, también se detiene la luz y por lo tanto, aunque mis movimientos a pesar se ser lentos a causa de la densidad del aire, eran infinitamente más veloces que la luz.
Suena el teléfono. Dada la situación en la que me encuentro, contesto. Me apetece compartir la experiencia. El remitente es desconocido.
-¿Hola?
-Hola jorge.
-¿Quien es?
-Eso ahora no importa. Tienes que saber que tienes diez minutos hasta que el tiempo siga su curso. Aprovechaos bien.
-¿Pero quien eres?
No hay respuesta. Ya han colgado y en la pantalla solo se ve 09:35 Es una cuenta atrás y está en marcha. Además de mi, es lo único que se mueve.
Empiezo a pensar rápido. Al principio descarto la idea de correr, en diez minutos no puedo llegar a ningún lugar interesante. Entonces pienso en la idea de antes, lo de moverme mas veloz que la luz. Si es así, entonces ¿puedo estar en cualquier lugar al instante? ¿Pero cómo? Pienso en bajar a la calle corriendo, no se me ocurre otra forma. Antes de iniciar cualquier movimiento, ya estoy en la calle. Llego a la conclusión que con el tiempo parado, desaparece el espacio como lo conocemos. Sigue estando ahí, pero te puedes mover por el, sin necesidad de atravesarlo, simplemente puedes decidir como recorrerlo a tu antojo, desplazandote simplemente desapareciendo y apareciendo en otro lugar. Es una idea un poco confusa lo sé, pero tengo que pensar rápido pero sin precipitarme. Miro el reloj. Me quedan ocho minutos. Pienso, ¿Donde puedo ir? ¿Que hacer y como sacarle partido? ¿Que necesito? No soy rico, pero no necesito más dinero, no me mal interpretéis, con más dinero haría muchas cosas, pero actualmente con el que tengo soy feliz, no es una prioridad. Así que la idea de ir a un banco está descartada por el momento, no me apetece robar.
Sigo pensando en que necesito para mejorar mi vida, ¿algo material? No se me ocurre nada que pueda ayudarme a ser mas feliz, un coche, una casa, todo eso desde mi posición ya no es tan importante, probablemente si hubiese nacido pobre sería diferente. Entonces, si no necesito nada material, tiene que ser algo espiritual.
El tiempo se me escapa, ya solo quedan cinco minutos, evito ponerme nervioso, con ello solo puedo entorpecer el proceso y pensar con menor fluidez. Es difícil, pero poco a poco lo consigo. Mi siguiente planteamiento es, ¿Como puedo cambiar algo espiritual con el poder de parar el tiempo? En el presente no me parece buena idea, ya que todo esta en pausa, así apenas puedo alterar nada significativamente. Del futuro, ¡Que se yo! si el presente ya me da mucho que pensar, el futuro está demasiado lejos. La única manera de cambiar algo es en el pasado.
Cuatro minutos. ¿que puedo cambiar de mi pasado para mejorar mi presente y/o futuro? Probablemente algún error grave. Pienso en mi vida, al cabo de un rato se me ocurren varios errores y sucesos, ¿Pero como cambiarlos? quizá viajando al pasado y escribiendome una nota o modificando algo para que las cosas no sucedan igual. Sin embargo, pienso en el presente, ahora mi vida es tal y como quiero que sea, no soy perfecto, pero estoy contento con mi evolución. Me he equivocado en muchas cosas, he aprendido, por lo tanto si no me hubiere equivocado, mi aprendizaje sería diferente o no lo habría. No paro de darle vueltas. Finalmente no veo otra salida, tengo que olvidarme de mi pasado y del pasado de los demás. El error en si puede dejar de ser un error cuando lo utilizamos a nuestro favor.
Dos minutos. Una oportunidad así no se presenta nunca en la vida, se me ha presentado una ocasión excepcional y no se como la puedo aprovechar. Tras un rato pensando doy con la solución o al menos es mí solución. Me queda un solo minuto y lo voy a usar simplemente para estar, no necesito nada y no quiero cambiar nada, solo quiero seguir siendo yo, estoy contento de como soy y quiero seguir cambiando, pero por un proceso natural.
Un minuto. ¿Que mejor manera de aprovechar el tiempo que vivir en el presente?
Disfruto de un minuto que no es un minuto, no es nada y es una eternidad, es el mejor regalo que me podían hacer. Me siento, y soy el tiempo y no soy nada.
Es una sensación extraña, soy plenamente consciente de todo, aunque parezca todo lo contrario.
Suena el teléfono, todo se pone en marcha.
-¿Jorge?
- Si.
-¿Que tal ha ido?
-Muy bien, muchas gracias por brindarme la mayor oportunidad de mi vida, creo que lo he usado de la mejor manera posible.
-Me alegro. Adiós.
-Adiós.

lunes, 8 de junio de 2009

Las cronicas de la Taixonera. 3a Sesión

UN AGUJERO EN EL TIEMPO

Suena el teléfono. Tardo en contestar, estoy enfrascado en una historia, recopilando datos y ordenando algunas entrevistas. Finalmente contesto.
-¿Julio?.
-Si,¿ quien es?.
-Hola, soy Luis, ¿como va todo?.
-Hola Luis, hace tiempo que no sabía de ti, quiero decir que no hablábamos. Leí tu último articulo, me pareció muy interesante .
-Gracias. Te llamo por el asunto de la sala Taixonera.
-¿Que sucede?
-Creo que he encontrado a alguien que sabe que sucedió el 18 de mayo del 2009. He quedado con el esta misma noche, pero no puedo ir.
Mientras tomo consciencia de lo que me está diciendo, antes que pueda formular una respuesta, me propone que sea yo quien asista a la entrevista.
-¿Pero porque quieres que vaya yo? ¿Quien es esa persona?
-Tengo un asunto que no puedo eludir, por eso tienes que ir tu.
-¿Algo más importante que esto?.
-Es personal.
-Necesito más información acerca de la persona con la que me tengo que reunir.
-He encontrado al único que asistió ese día a la proyección de Camino.
-¿En serio? Eso es fantástico. Así que es verdad que Jesús asistió aquel día. ¿Como lo has encontrado?
-Ya sabes que no te lo puedo explicar, mejor no quieras saberlo.
-Me has dejado sin palabras, no se que decir. Te lo agradezco mucho.
-Bueno, te tengo que dejar. Sé que lo harás bien. Ve esta noche al café Zurich de la plaza catalunya, a las nueve y media. Ten cuidado.
-Lo tendré.
-Adiós.
-Adiós... y Gracias.

Eso fue lo último que supe de Jesús, desde entonces no lo he vuelto a ver y nadie sabe nada de el. Fui al café Zurich y estuve hablando con el sobre todo lo que ocurrió aquella noche. También de todo lo demás. Nunca he explicado lo que sucedió el 18 de mayo, ni de lo que allí se dijo, lo prometí. He vivido toda mi vida queriendo compartir lo que aquella noche sucedió, ahora que estoy cerca de mi fin. Lo voy a contar. Ya no tengo miedo...

viernes, 24 de abril de 2009

Fresas rellenas de dulce de leche y almendra, cubiertas de chocolate.

Llaman a la puerta. Estoy en la cocina, miro el reloj, son las 21:30.
-¿diga?
-¿es aquí donde huele tan bien?

Mientras oigo ruido en la escalera, parece que algo sucede.

-¿quién es usted?
-Disculpe, pero le he preguntado si el olor viene de su casa.
-No sé a qué olor se refiere.
-Da lo mismo, ya me abren.

Vivo en un ático, así que abro la puerta para ver quien sube, mientras me asomo por el ojo de la escalera, la vecina de en frente sale al rellano.

-¿Que sucede?
-Pues que alguien sube pero no sé quién es.
-¿Cómo que no sabes quién es?
-¿No me ha oído? ¿Acaso tengo cara de saber que sucede?

Me vuelvo a asomar por la escalera y veo a una pareja que sube. No los conozco de nada.

-¡Qué quieren! – Les grito desde mi atalaya
-Ah! Es usted.

Es un hombre de mediana edad, le acompaña una mujer sensiblemente más joven, tiene un bonito cuerpo, sin embargo su cara es muy normal. Mientras se dirigen hacia mí, no dejan de subir las escaleras.

-¿Qué es lo que está cocinando?
-¡Y a usted que le importa!

Mientras ya han llegado a mi rellano. Miro de ocupar todo el umbral de la entrada de mi piso. Mi vecina se da la vuelta y entra en su apartamento, antes de cerrar la puesta dice.

-Te lo he dicho esta mañana. No quiero saber nada.
El hombre que está delante de mi alarga el cuello intentando con ello atravesar mis dominios.
-¿Pero que hace?
-Disculpe, pero es aquí, no puede negarlo.
-¿El qué?
-¡Está usted cocinando!
-Bienvenido al mundo, ¿qué tiene eso de extraño?
-Eso es lo que me pregunto, no reconozco el olor, pero no he podido resistirme a subir.
-Hoy tengo invitados, le tengo que pedir a usted y su mujer que se marchen.
-Ella no es mi mujer.
-¿Y tu quien eres? –Dirigiéndome a la mujer.
-Yo vengo por lo mismo que este señor.
-No me diga.

De repente la mujer me parece más atractiva.

-¿Quieren pasar y tomar algo? Aun queda media hora para que lleguen mis invitados.
En ese momento los tres oímos varias voces que suben por las escaleras, la intensidad de las voces va subiendo. También la cantidad.

-¿Esos son sus invitados?
-No los había visto en mi vida.
-¡¿Qué está usted cocinando?!
-¿Pero qué pasa aquí? ¿de dónde salen todos ustedes?

En la escalera ya no cabe más gente, la cosa se pone mal. Intento ser diplomático.

-Estoy preparando toda una cena, así que tendrá que ser usted un poco más específico.

Sigue subiendo gente. Es un barrio poco transitado, no sé de dónde salen tantos. Hay demasiados y la presión hacia el interior de mi piso cada vez es mayor.
Alto, deténganse, dejen de empujar!
Pero finalmente mis brazos ceden al la presión y la gente empieza a colarse dentro de mi apartamento.
No sé qué hacer, son demasiados así que me resigno.

-Pasen, pasen, están en su casa!

Me escurro por el pasillo, al pasar por la cocina, veo que la pareja del principio está comiéndose mi plato principal, Berenjenas bañadas en salsa de sésamo.
Por la puerta sigue entrando gente. Ya casi no cabemos. Mi apartamento no es grande. Hasta que empiezan a caerse por la terraza.
En ese momento pienso en los lemmings y se me ocurre una idea. Cojo un colchón enrollado que tengo en el otro extremo de la casa, es lo suficientemente pequeño y ligero como para usarlo de escudo. Me coloco detrás de el y empiezo a empujar. Con mucho esfuerzo voy ganando terreno, mientras los cuerpos se espachurran en la calle. Son cuatro pisos de altura. Al llegar a la cocina, las fuerzas empiezan a fallarme, y pierdo la estabilidad, doy un paso atrás, me asiento, pero no puedo seguir avanzando. Miro en el interior, ya no queda nadie, pero tampoco está mi cena. Asomo la cabeza por encima del colchón y veo a una mujer que se está comiendo las últimas fresas. Eran fresas rellenas de dulce de leche y almendra, cubiertas de chocolate crujiente. Era un plato muy especial, lo había soñado esa noche y era para mis amigos invitados.

-¡Hijosdeputaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!

Perece que ese último bocado que mis labios no han probado, me da la fuerza suficiente para dar un último gran empujón.

Soy el último lemming, el que ve como todos sus compañeros desaparecen por el precipicio. Los cuerpos llegan casi a la tercera planta.
En ese momento llaman al timbre.

-¡Que!
-¿Jorge?
-¿Si?
-Somos nosotros.

Mis amigos han llegado.
Una vez en dentro del apartamento, me disculpo ante ellos, agitando un folleto del Telepizza.

-Lo siento pero hoy no he podido cocinar nada, habrá que encargar una pizza. Pero esto es un festival de cine, así que la comida es secundaria.

Mis amigos no acaban de creerme, se les nota en la cara, pero no les queda más remedio. Armand se me queda mirando largo rato, y dice.
- La gente cada vez está más loca. ¿A que no sabes que es lo que hemos visto antes de subir?
-No lo sé, pero seguro que me sorprendes.